Lactancia materna y trabajo: hagamos que funcione

Lactancia materna y trabajo: hagamos que funcione

Un grupo de mujeres da el pecho durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna. En Bucarest, Rumanía, en agosto de 2016.

(AP/Andreea Alexandru)

En todo el mundo, las mujeres continúan desempeñando un doble papel en tanto que trabajadoras y cuidadoras. Cuando las trabajadoras optan por ejercer sus derechos reproductivos, su vida económica queda sujeta a la ley, a la política y a los prejuicios sociales. Asimismo, una mujer trabajadora que es madre tiene que tener en cuenta todos los parámetros, desde el tiempo libre durante su embarazo hasta la duración de su licencia de maternidad, desde las políticas de modalidades de trabajo flexibles hasta las pausas para la lactancia en su lugar de trabajo.

Las mujeres de los países más pobres trabajan de manera desproporcionada en el sector informal, un sector en el que no tienen ninguna protección social. Estas cuestiones suelen considerarse “asuntos de mujeres” carentes de importancia, y la función de una mujer trabajadora como madre y cuidadora a menudo solo se tolera en lugar de admirarse, apoyarse y celebrarse.

Sin embargo, tanto las actitudes como las opciones están cambiando. En la Alianza Mundial pro Lactancia Materna (WABA, por sus siglas en ingles), creemos que la participación de las mujeres en el trabajo es de vital importancia porque son impulsoras del cambio. Las mujeres son unidades económicas independientes, responsables de su propio bienestar y supervivencia económica.

El valor económico de la contribución de las mujeres a la economía nacional se percibe como menor y no se tiene en cuenta que el trabajo reproductivo es un valor que se añade a la riqueza de un país. Sin embargo, la maternidad y la lactancia son funciones biológicas que solamente las mujeres pueden realizar.

Las mujeres deberían poder participar en trabajos remunerados y de otro tipo y, con el apoyo adecuado, ocuparse también de sus hijos y de su lactancia. Debe apoyarse a una madre para que equilibre su trabajo productivo y reproductivo sin tener que sacrificar uno por el otro.

Un ejemplo de esta situación lo proporciona la madre brasileña Ana Raquel Bueno Moraes Ribeiro, consultora de desarrollo organizacional:

“La lactancia y el trabajo nunca han sido incompatibles para mí. Ambos son aspectos fundamentales de mi vida. No puedo imaginar no trabajar; de la misma manera que nunca pensaría en la maternidad sin amamantar. Creo que esta confianza me da la fuerza para enfrentar los problemas que puedan presentarse en mi camino”, afirma.

“Hubo dificultades que pusieron en jaque esta convicción, pero al ver la salud y los ojos felices de mis hijos, y sentir el amor a través del contacto de nuestra piel me hace estar segura de que la lactancia materna fue nuestra mejor opción”, añade.

Equilibrio: la clave de los derechos de las mujeres y de una fuerza de trabajo incentivada, saludable y dinámica

Cuando una mujer decide convertirse en madre, tiene derecho a hacer lo que considera mejor para su hijo, y los consejos expertos y pruebas disponibles recomiendan amamantar. La lactancia materna contribuye en gran medida a la salud materna e infantil. La lactancia materna ayuda a prevenir enfermedades y fomenta un crecimiento y un desarrollo óptimos.

Un estudio de 2016 concluyó que la licencia de maternidad remunerada y ampliada puede ayudar a reducir la mortalidad infantil de diversas maneras. La razón es que este permiso de maternidad remunerado, con su garantía de ingresos y seguridad laboral, puede reducir el nivel de estrés de la mujer, un factor de riesgo conocido de parto prematuro y peso deficiente al nacer. Asimismo, la mujer puede trabajar mejor, sortear las dificultades de la lactancia materna y establecer una rutina.

Una madre lactante es productiva ya que está produciendo alimento y protegiendo y cuidando a su hijo. La lactancia materna también reduce los riesgos medioambientales que conlleva la producción de sucedáneos artificiales de la leche.

Ha quedado demostrado que la ausencia de lactancia materna exclusiva mina los recursos familiares, no solamente porque tienen que pagarse los costos de los sustitutos artificiales de la leche, su preparación y almacenamiento, sino porque también representa un costo añadido debido a las deficiencias de salud y una pérdida salarial a causa del absentismo asociado a las enfermedades infantiles. La lactancia materna contribuye a crear una fuerza de trabajo más estable, ya que reduce el absentismo del personal.

Estudios realizados en EEUU y en otros lugares han demostrado que los bebés amamantados por su madre enferman, según estadísticas, menos que los bebés alimentados con fórmulas lácteas. Asimismo, que las madres que amamantan a sus bebés presentan un menor absentismo que las madres de los bebés alimentados con biberón.

Los empleadores que apoyan a sus trabajadoras reconociendo que tienen derecho a contar con prestaciones de maternidad, descansos de lactancia materna, salas de lactancia, prácticas laborales flexibles e instalaciones para el cuidado de los niños o guarderías próximas al lugar de trabajo, mejoran la moral del personal, y observan una menor rotación y una mayor lealtad al sector laboral.

La creación de un entorno socioeconómico ideal para permitir que las mujeres trabajadoras amamanten a sus hijos también aborda la desigualdad de género. Por lo tanto, las políticas laborales que permiten a mujeres y hombres combinar con éxito el trabajo con las responsabilidades de la maternidad, la paternidad y el cuidado de los hijos son importantes para todos.

La integración adecuada del trabajo y la vida productiva y reproductiva de mujeres y hombres beneficia a todos los sectores de la sociedad. Equilibrar el trabajo y la vida familiar, incluida la lactancia materna, es la clave de los derechos de las mujeres y de una fuerza de trabajo incentivada, saludable y dinámica.

Este artículo ha sido traducido del inglés.