¿Por qué H&M no ‘cambia de sentido’ y paga un salario digno a sus trabajadores?

¿Por qué H&M no ‘cambia de sentido' y paga un salario digno a sus trabajadores?

Trabajadoras del sector textil, de pie, en la parte trasera de un camión, de regreso a sus casas después del trabajo, en Phnom Penh, Camboya.

(Alamy/ Kraig Lieb)

Los resultados de una investigación reciente llevada a cabo por nuestra alianza internacional, Clean Clothes Campaign, respecto a los salarios de miseria que cobran los trabajadores que manufacturan ropa para H&M recibió cobertura internacional.

En Europa, la gente quedó especialmente consternada respecto a uno de los países incluidos en el estudio: Bulgaria, miembro de la Unión Europea. Pero lo más decepcionante, en todo caso, está en que, pese a un claro compromiso al que se dio enorme publicidad –afirmando que para 2018 sus trabajadores recibirían un salario que les permitiese vivir una vida digna–, H&M no ha hecho realidad sus promesas.

Poco después de saber que teníamos previsto publicar los resultados de meses de investigación en cuatro países, incluyendo entrevistas realizadas a 62 trabajadores, H&M emitió una declaración afirmando que se habían “sentado las bases para pagar un salario digno justo” que “alcanzaría a cerca de un millón de trabajadores de la confección”.

Todas esas afirmaciones de progreso preventivas ignoraban la promesa real efectuada con anterioridad: que para este año se garantizarían salarios dignos.

H&M puede ganar a sus competidores adoptando medidas positivas para lograr una industria de la confección más sostenible. Uno de esos pasos pioneros sería el compromiso en relación a un salario digno. No obstante, nuestra investigación demuestra claramente que las palabras no son suficiente.

H&M no hizo pública información específica en relación con su compromiso de 2013, tal como habíamos reclamado reiteradamente, pero tenemos buenos motivos para pensar que las seis fábricas incluidas en nuestra investigación son el reflejo de una realidad más generalizada: H&M se atribuyó grandes méritos con su compromiso original, pero hasta la fecha su promesa no se ha traducido en un salario digno real que se materialice en los bolsillos de los trabajadores.

Sin embargo, ahora, H&M ha llegado incluso a tener la audacia de afirmar ¡que han superado su objetivo inicial!

Esta estrategia podría resultarle contraproducente, puesto que cada vez más personas se están dando cuenta de que H&M pretende reescribir la historia y encubrir el compromiso original.

Una de las tácticas de relaciones públicas empleada por H&M es presentarnos como un grupo que va a contracorriente, lo que sencillamente no es cierto. Como siempre, lo que apoyamos firmemente y defendemos es la libertad sindical y una negociación colectiva constructiva.

No obstante, en la realidad actual de la industria de la confección hay algunos problemas importantes. Uno de ellos es que H&M haya elegido manufacturar su ropa a través de proveedores en fábricas establecidas en ciertos países donde la libertad sindical está considerablemente limitada y, por lo tanto, los trabajadores disponen de pocas posibilidades de conseguir unos salarios dignos a través del diálogo social.

Además, H&M y otras marcas tienen un impacto directo sobre lo que resulta posible en ese diálogo entre trabajadores y sus empleadores. Un aspecto de ello es el precio que pagan por las prendas confeccionadas. H&M podría muy bien echar mano de sus miles de millones de beneficios para incrementar ese precio que constituye un factor importante en el costo de la mano de obra, y que representa apenas una fracción mínima del precio final. Podría mejorar las vidas de los trabajadores al permitirles recibir un salario digno sin demora, paralelamente a los esfuerzos a largo plazo desplegados a nivel de todo el sector al que pertenece.

Se requiere acción, no solo palabras

H&M aduce ahora que no existe ningún nivel de referencia aceptado universalmente en cuanto a lo que sería un salario digno -que podría sacar de la pobreza a sus trabajadores-, lo que viene a ser una excusa sorprendentemente floja. Sencillamente nos negamos a aceptar ese argumento, al que debería negarse todo el mundo. De hecho, existen numerosos niveles de referencias, lo que ocurre es que requieren acción, no solo palabras.

Resulta evidente que tanto los salarios mínimos como los salarios reales de los trabajadores están muy lejos de cualquier nivel de referencia respecto a lo que constituye un salario digno, y le incumbe a H&M la responsabilidad de colmar esa brecha. No sólo porque se comprometieron claramente a hacerlo para 2018, sino además porque tanto H&M como otras marcas tienen la responsabilidad general de respetar los derechos humanos en sus cadenas de suministro, lo que incluye el derecho a recibir un salario digno.

Tal como señalamos anteriormente, en las respuestas de H&M se centran más bien en los procesos, sin indicar claramente que estén aportando un cambio real en la nómina de sus trabajadores. Desde la perspectiva de un trabajador del vestuario que subsiste en condiciones de pobreza: un proceso no alimenta a la familia, ni cubre una emergencia médica, ni garantiza un techo sobre sus cabezas.

Las respuestas de H&M a la cobertura de nuestro informe en los medios de comunicación reafirman, pues, la necesidad de nuestra campaña: #TurnAroundHM #LivingWageNow (Cambia de sentido H&M; Salarios dignos ahora). Y esto porque H&M hace todo lo posible por eludir el compromiso específico al que hemos hecho referencia y que está incumpliendo: que 850.000 trabajadores de la confección en fábricas estratégicas proveedoras de H&M reciban un salario digno para este año.

Junto con más de 100.000 personas que se han sumado ya a la campaña, seguiremos insistiendo en que H&M tiene la responsabilidad, además de los medios financieros y otros recursos, para cumplir el compromiso original y asegurarse de que sus trabajadores reciban un salario digno cuanto antes. Lo único que no tiene H&M es la voluntad política para hacerlo.

Este artículo ha sido traducido del inglés.