La voz de los silentes: el arte que visibiliza las penurias de los refugiados que recogen botellas en las calles de Dinamarca

La voz de los silentes: el arte que visibiliza las penurias de los refugiados que recogen botellas en las calles de Dinamarca

The Economy of Migrant Labor exhibition depicts the struggle for migrant and refugee rights in Denmark.

(Mads Holm/Center for Art on Migration Politics)

Se les identifica con términos de lo más diverso, todos despectivos, como "carroñeros", "chinos", "profesionales" o "flaskesamlere", que en danés significa "colectores de botellas"; pero solo son personas que hacen lo que pueden por ganarse la vida recogiendo las latas y botellas vacías de las calles de Dinamarca, un país conocido por su elevado bienestar social.

Se les puede ver rebuscando en los cubos de basura de toda Dinamarca. A lo largo de Strøget, la elegante calle comercial peatonal de Copenhague, buscando atropelladamente envases de bebidas vacíos frente a las boutiques de diseño. Los colectores devuelven los envases vacíos y a cambio les reembolsan un depósito de entre una y tres coronas danesas (entre 0,13 y 0,40 euros). En un festival de música pueden ganar entre 8 y 12 euros trabajando 12 horas al día.

Este es uno de los escasos medios legales que tienen para sobrevivir los inmigrantes, en concreto los refugiados que han solicitado asilo en otro país europeo distinto de Dinamarca, según las normas danesas sobre permisos de residencia y trabajo. También hay colectores de botellas daneses, pero suelen ser personas con alguna adicción o sin hogar.

A pesar de estar presentes en cada esquina, la gente trata a los colectores de botellas como si fueran invisibles. Por ello, un grupo de activistas y artistas han organizado exposiciones, proyectos artísticos y mesas redondas para romper el silencio, sobre todo en torno a las condiciones que padecen los refugiados de fuera de Europa, que acaban durmiendo a la intemperie en Dinamarca y recogiendo botellas vacías para sobrevivir.

"Les vemos cada día, sabemos que están ahí", dice Tone Olaf Nielsen, uno de los cofundadores de Trampoline House —un centro comunitario de Copenhague que presta servicios a los refugiados— "pero la gente [danesa] piensa que están en Dinamarca sin hogar e ilegalmente."

"Hay muchos prejuicios y estereotipos sobre este colectivo que vive de recoger botellas. Son víctimas de los numerosos recelos raciales. Todo ello cronifica su marginación en la sociedad danesa".

En un intento de sacar a la luz sus dificultades, el centro de arte de Trampoline House acoge actualmente una instalación sonora titulada La economía de los migrantes laborales: por el derecho al trabajo. Mostrada por primera vez durante el mundialmente conocido festival de música Roskilde, en 2017, estará expuesta hasta el 19 de mayo, antes de trasladarse a la Universidad de Roskilde hasta finales de junio.

"Puedo trabajar, soy 100% apto para trabajar", explica en esta instalación sonora Kingsley, un inmigrante de un país africano que no nombra, que recoge latas vacías en Dinamarca. "Recojo botellas porque es lo que el gobierno de tu país me empuja a hacer. No me mires por encima del hombro. Todos somos seres humanos".

Dispuesto, pero no autorizado a trabajar

Kingsley es uno de los 12 migrantes africanos que colaboraron con The Bridge Radio para crear la exposición La economía de los migrantes laborales. A estos migrantes se les concedió asilo en un país del sur de Europa, pero debido a la crisis económica en España, Grecia, Italia y Portugal se trasladaron al norte para encontrar trabajo.

"Todos somos capaces de trabajar, de pagar impuestos y nuestro alquiler", dice Seco, otro migrante, en la instalación. "Ojalá ellos [los gobernantes daneses] nos dieran la oportunidad y un permiso de trabajo". A diferencia de muchos países europeos, Dinamarca no permite trabajar a los refugiados a quienes se ha concedido asilo en otro país europeo.

Dinamarca –que tiene algunas de las leyes de migración más duras de Europa occidental– es un ejemplo perfecto de cómo los países desarrollados están cerrando sus puertas a los refugiados. Desde 2015, el gobierno danés ha endurecido sus leyes migratorias 67 veces, confisca los objetos de valor a los solicitantes de asilo y publica anuncios en los periódicos libaneses para disuadir a refugiados potenciales. En este contexto surgió el proyecto de la Economía de los migrantes laborales.

"La idea de este proyecto artístico nació en un programa de radio que hicimos [en octubre de 2016] sobre la situación de los colectores de latas en Folkets Park, en el centro de Copenhague, y los ataques de la policía a su comunidad", explica Barly Tshibos Lhirba, miembro de The Bridge Radio.

"Aunque nuestro proyecto se centra en los migrantes que recogen botellas en Dinamarca, tenemos un objetivo más amplio, llamar la atención sobre la situación de los migrantes económicos en Dinamarca", explica Lhirba a Equal Times.

"También queríamos comparar Dinamarca y otros países europeos y aprender de la experiencia de los trabajadores migrantes y de las formas en que se organizan y movilizan".

No hay estadísticas oficiales sobre el número de colectores de botellas en Dinamarca. Se trata de un grupo demográfico de muy variados orígenes y condición social. Entre ellos hay algunos daneses sintecho y sin ingresos, otros son migrantes y refugiados. Hay quienes se encuentran a la espera de que se tramite su solicitud de asilo y a otros se les ha concedido el asilo pero no tienen trabajo. Pero todos comparten la explotación, la marginación y la exclusión de la sociedad danesa.

"Primero mostramos el proyecto en Roskilde. Era importante para nosotros ir a un lugar con un alto nivel de racismo contra la gente de color", dice Nanna Katrine Hansen, artista y activista, que también trabaja para The Bridge Radio. "Me sorprendió la severidad con la que trataba el personal y los asistentes al festival a la gente que recogía botellas. Por eso decidimos actuar políticamente en ese lugar y luchar contra la invisibilidad de los que recogen botellas".

Neocolonialismo y nuevos flujos migratorios

La exposición Economía de los migrantes laborales muestra, además de las personas que recogen botellas y sus condiciones de vida en Dinamarca, "la lucha de estas personas por sus derechos", explica Nielsen, y "cómo el Norte Global utiliza a los trabajadores migrantes como mano de obra barata, explotable y no sindicalizada".

"Esta difícil situación no afecta solo a los recogedores de botellas. Los recolectores de frutas, quienes trabajan en las industrias de la construcción y la limpieza, por ejemplo, laboran también en condiciones horribles, propias de la esclavitud", añade Nielsen.

José Arce es un inmigrante colombiano que está estudiando un master sobre los refugiados mundiales en la Universidad de Aalborg, en Dinamarca. Investiga la relación entre los flujos migratorios mundiales y el neocolonialismo.

Para Arce, las injustas políticas aplicadas en México por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la sobrepesca de los buques europeos en aguas del oeste de África, las ocupaciones e intervenciones militares occidentales en Oriente Medio y el acaparamiento de tierras en América Latina por parte de países como Dinamarca, son algunos de los numerosos mecanismos por los que el Norte Global está alimentando la crisis actual de los refugiados y la migración.

"En Europa se habla mucho de cuántos inmigrantes debería acoger cada país y cómo deberían ser tratados, pero no se habla de las causas profundas de la migración a Europa", afirma.

Arce no dedica todo su tiempo a la investigación académica, aislado de la realidad de la sociedad danesa. Es también chef y un activista que lucha por el derecho al trabajo de los migrantes. Su experiencia en Dinamarca le ha proporcionado una comprensión profunda de la situación que enfrentan los migrantes que viven en los países desarrollados.

"Los migrantes en los países desarrollados viven una realidad dual: por un lado se les considera personas perezosas que no quieren trabajar ni integrarse y, al mismo tiempo, se les acusa de robar los empleos a los trabajadores nativos", explica.

"En una sociedad como la danesa, en la que los trabajadores [nativos] siempre han tenido prioridad [en términos de empleo], no se puede ‘robar’ un empleo. Los trabajadores migrantes no están ocupando los puestos de trabajo de la gente; realizan los trabajos que los daneses blancos no están dispuestos a hacer".