Los verdes mantienen a raya el populismo en los países bálticos, pero ¿hasta cuándo?

Los verdes mantienen a raya el populismo en los países bálticos, pero ¿hasta cuándo?
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¿Tienen los partidos verdes europeos la llave para frenar a la extrema derecha? Así podría ser en Letonia y Lituania, donde los verdes han formado coaliciones de gobierno para favorecer políticas procomunitarias, socialmente inclusivas y a favor de los trabajadores. De hecho, Letonia es el primer país de la UE que elige a un presidente de un partido verde, Raimonds Vejonis, a pesar de ser una figura algo controvertida, situada en el centro derecha del espectro político.

En Lituania, la Unión de Campesinos y Verdes triunfó en las elecciones de octubre y formó gobierno con los socialdemócratas. El partido de los campesinos y los verdes, liderado por el empresario y filántropo convertido en político, Ramunas Karbauskis, ganó contra todo pronóstico, prometiendo revocar la reciente liberalización laboral, abordar la crisis de alcoholismo que sufre el país e introducir una fiscalidad progresiva.

La diputada Dovilė Šakalienė, reputada experta en derechos humanos y locutora de radio, afirma que se afilió al partido para promover los derechos de la infancia, la inclusión de las personas con discapacidad y la prevención de los suicidios.

“Pasé de asesorar y criticar a tomar decisiones”, explica a Equal Times. Šakalienė fue una de las personas reclutadas por el partido para tender puentes entre los marginados votantes de las zonas rurales y la población urbana, más joven e izquierdista.

En Letonia, un partido con un nombre similar, la Unión de los Verdes y los Granjeros, también forma parte de la coalición de gobierno. Su candidato, Raimonds Vējonis, accedió a la Presidencia en 2015, a pesar de que Letonia y Lituania han sufrido el descenso de población rural más pronunciado de toda la Unión Europea.

En Estonia, los verdes no están en el gobierno, pero la coalición gubernamental ha evitado también incluir a los populistas de extrema derecha. En la actualidad gobierna el Partido del Centro, el Partido Socialdemócrata y los partidos conservadores Pro Patria y Unión Res Publica.

El Partido del Centro es popular entre la cuantiosa minoría rusoparlante de Estonia. Se hizo mucho más atractivo como socio de gobierno cuando el partido se deshizo de su líder prorruso, Edgar Savisaar, y optó por Juri Ratas, antiguo alcalde de Tallin.

Debido a las tensiones étnicas existentes entre la mayoría de la población, de habla estonia, y la considerable minoría de habla rusa, no basta con esgrimir una actitud anticomunitaria o antiinmigración para unir a los etnonacionalistas y a quienes favorecen a los políticos prorrusos antiestáblisment. Históricamente, la minoría rusa se muestra menos optimista respecto a las relaciones euroatlánticas y tiene más probabilidades de acabar marginada, debido a su mayor tasa de desempleo y a que algunos carecen de la ciudadanía.

Por temor a la injerencia de Rusia, los votantes bálticos han dado la espalda a los partidos de extrema derecha convencionales y han preferido partidos de centro que prometen preservar “la ley y el orden”. Sería demasiado optimista decir que estos partidos de centroizquierda son inmunes al populismo. Pero, por ahora, se están negando a sumarse a la ola que está avanzando por la Unión Europea —de hostilidad hacia los inmigrantes y refugiados, sentimientos contra la Unión Europea y promesas de cambio político radical—.

 

Calmar a la clase trabajadora

Tanto la campaña del Brexit en el Reino Unido como la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos se han interpretado como una revolución de la clase trabajadora contra el orden neoliberal. Sin embargo, las encuestas revelan que los estonios y lituanos son de los más optimistas respecto al futuro de la UE y resulta difícil venderles el euroescepticismo.

En Lituania, el sindicalista Raimondas Tamošauskas, que representa a los sindicatos regionales en el consejo tripartito, explica a Equal Times su optimismo respecto al nuevo gobierno: “El primer paso consiste en retrasar la entrada en vigor del nuevo código laboral”, afirma. La reforma laboral liberal, similar a la francesa, habría entrado en vigor el 1 de enero de 2017 y supuesto la limitación de las vacaciones anuales, la introducción de los contratos de cero horas y facilidades para que las empresas despidan a los trabajadores.

Lituania posee la distribución de la renta más desigual de la Unión Europea, pero Tamošauskas cree que los anteriores gobiernos “consideraban a los empresarios el único colectivo socialmente débil que merecía asistencia gubernamental”.

Según él, el nuevo partido gobernante “escucha las preocupaciones de los sindicatos”. Varios sindicalistas ocupan altos cargos en el partido. Entre ellos, el vicepresidente, Tomas Tomilinas, antiguo activista del Sindicato de Empleados Asalariados, que principalmente representa al personal del sector minorista.

Vytautas Bakas, procedente del Sindicato de Oficiales, encabeza hoy la Comisión Parlamentaria de Seguridad Nacional y Defensa. Algirdas Sysas, que está al frente de la Comisión de Asuntos Sociales y Trabajo, presidía antes la Confederación Sindical Lituana.

No obstante, hay cierto escepticismo sobre si cumplirán sus promesas electorales. La primera reforma de calado que aprobó el partido verde campesino en Lituania no fue para reformar la fiscalidad o combatir la exclusión social, sino para limitar la reproducción asistida. En los meses siguientes, la coalición gubernamental subió los impuestos a los autónomos y redujo el número de parlamentarios.

Šakalienė, que se oponía a las limitaciones de la reproducción asistida, está convencida de que los desacuerdos dentro del partido son saludables. “Soy un buen ejemplo de cómo, cuando surgen desacuerdos por decisiones apresuradas, la cúpula del partido reacciona de forma inmediata y constructiva”, afirma.

Por su parte, Vējonis, presidente de Letonia, introdujo unas controvertidas enmiendas a la Ley de Educación el año pasado, que permitió el despido de docentes por el impreciso motivo de “deslealtad” al Estado. Dichas enmiendas, al parecer dirigidas a los docentes rusoparlantes, se introdujeron a pesar de las quejas de los sindicatos de la enseñanza.

La libertad de expresión está en cuestión en Letonia, debido a una nueva legislación, dirigida a los elementos subversivos dentro de la minoría rusa e introducida en el contexto de los temores que suscita la injerencia de Rusia en la política nacional. Letonia tiene la minoría rusa más numerosa de la región del Báltico, representa alrededor del 27% de la población.

Aparte de estos acontecimientos, los partidos verdes del Báltico han ayudado a mantener a raya a los movimientos populistas, equilibrando medidas contundentes, a veces paternalistas, con políticas pragmáticas e inclusivas. ¿Un modelo para el resto de Europa? La idea se pondrá a prueba en las citas electorales clave previstas este año en todo el continente.