Mujeres de la frontera iraní

Mujeres de la frontera iraní
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En marzo de 2018, la fotógrafa iraní Mehri Jamshidi recorrió los 650 kilómetros que separan la capital iraní, Teherán, de la frontera entre Irán y Turkmenistán para visitar un pequeño condado rico en cultura y naturaleza, cuyos lugareños padecen unas las tasas de pobreza más altas del país. Una comunidad de turcomanos iraníes, que representan apenas el 2% de los más de 80 millones de habitantes de Irán, vive en la ciudad de Maraveh Tappeh y en las 130 aldeas circundantes de la provincia de Golestán, 110 de las cuales reciben ayuda de organismos gubernamentales.

Los turcomanos son sunitas y viven en el país con la mayor población musulmana chiíta del mundo. Durante siglos vivieron como pastores nómadas y, aunque la mayoría de los turcomanos llevan hoy una vida sedentaria, son conocidos como agricultores y ganaderos. Las diferencias lingüísticas (el pueblo de Maraveh Tappeh habla turcomano, un idioma completamente diferente del persa) y culturales, unidas al alejamiento de estas comunidades de los centros urbanos, causan graves problemas socioeconómicos a los residentes de Maraveh Tappeh.

En esta región sorprende la elevada tasa de bebés nacidos con discapacidades como el síndrome de Down, el autismo y otras enfermedades genéticas y congénitas, resultantes de matrimonios consanguíneos, de las deficiencias en los servicios de salud, de la desnutrición y de enfermedades transmitidas por el agua. Además, aunque los turcomanos de Irán dependen en gran medida de la agricultura, la región en la que viven lleva sufriendo sequías en los últimos años que han cambiado drásticamente el paisaje y el sistema agrícola de esta mísera región. La escasez de agua, el alto desempleo y la pobreza en Maraveh Tappeh empujan a muchos hombres a emigrar a las grandes ciudades, donde acaban trabajando como jornaleros o realizando otros trabajos manuales.

Todo esto tiene un gran impacto en las mujeres de esta comunidad turkmena. Aunque apenas hay diferencias entre las dificultades que padecen las mujeres de esta comunidad y las de otras comunidades desfavorecidas en Irán, el relativo aislamiento de los turcomanos agrava su situación.

A pesar de que las tasas de matriculación escolar son casi iguales entre niñas y niños de la región, muchas niñas abandonan la escuela debido a la gran distancia que separa las escuelas de las aldeas en las que viven. En Maraveh Tappeh, una niña que no va a la escuela tarda poco en convertirse en novia. “A pesar de las diferencias culturales y religiosas, las mujeres de Maraveh Tappeh comparten una historia similar a la de las mujeres de otras zonas de Irán”, señala Mehri Jamshidi. “Pero la infancia truncada de las jóvenes de la región es una historia olvidada que, no obstante, conocen demasiado bien mujeres a lo largo y ancho del planeta”, concluye.

 

Aman ayuda a su padre, anciano, a limpiar su casa. "Mi padre duerme durante el día; rara vez nota mi presencia mientras hago sus tareas", dice.

Foto: Mehri Jamshidi

Debido a que es muy alto el número de hombres que se traslada a pueblos y ciudades para trabajar, las jóvenes de Maraveh Tappeh a menudo se encargan de cuidar a sus parientes mayores. Además de mermar las perspectivas educativas de muchas niñas, esto también afecta a su capacidad para contraer matrimonio. Como casi todos viven aquí de la tierra, las mujeres tienen que ocuparse del ganado y de las tareas domésticas. Y aunque algunos ancianos residentes reciben del gobierno una prestación mensual, el dinero no llega para cubrir sus necesidades.

Hasal pastorea el ganado de su familia en el pueblo de Soozesh, en Maraveh Tapeh.

Foto: Mehri Jamshidi

Soozesh es uno de los pueblos que desaparecerán cuando se construya la nueva presa sobre el río Atrak. Según los planes del Gobierno, los residentes de seis aldeas serán trasladados a una nueva zona. Tres de estas aldeas —Soozesh, Khoje Galdi y Sari Ghamish— serán reubicadas en Ging Jay, a unos ocho kilómetros de distancia, cerca de las tierras que cultivan. Pero los residentes temen por su futuro: "Llevamos viviendo en un limbo desde hace unos ocho años. No podemos tomar ninguna decisión sobre nuestras vidas", explica Hasal a Equal Times.

Gol Oghool Garak, de 53 años, descansa después de un ataque epiléptico.

Foto: Mehri Jamshidi

Gol Oghool sufre de convulsiones y su hija de 28 años padece autismo profundo. Existen numerosos casos de autismo y discapacidades entre los niños de esta región, y esto debido a los numerosos matrimonios entre primos y al limitado acceso a los servicios de atención médica postnatal.

Fahimeh Gorganli, de nueve años y alumna de tercer grado de primaria, descansa en el suelo de la casa de su abuela después de asistir a una fiesta de bodas.

Foto: Mehri Jamshidi

Un donante particular construyó una escuela de primaria y secundaria en la aldea de Yaz Galdi, pero muchas niñas de la región abandonan la escuela por falta de plazas y debido a las grandes distancias que deben recorrer para ir a la escuela. A los padres de Fahimeh les preocupa el matrimonio infantil, ya que muchas niñas de la localidad se casan a partir de los 13 años. "Fahimeh está creciendo tan rápido", dice su madre a Equal Times. "Me preocupa que tenga que aceptar su casamiento prematuro en pocos años".

Mahdieh, de diecisiete años, se toma un descanso en el patio de su tía tras reunir las vacas que pastan en el campo de su familia.

Foto: Mehri Jamshidi

Mahdieh dejó la escuela a los 15 años. La escuela secundaria más cercana a la aldea de Yaz Galdi se encuentra a unos siete kilómetros y Mahdieh dice que extrañaba a su familia cuando estudiaba en la escuela. Espera casarse pronto.

Listas para asistir a los festejos nupciales de la hermana -de estas jóvenes-, de 17 años, en la aldea de Korand.

Foto: Mehri Jamshidi

Todas las niñas de esta fotografía están casadas y ninguna de ellas ha terminado sus estudios. Las familias más tradicionales “comprometen” a las niñas, al nacer, con sus primos varones. Está afianzada la creencia de que al casarse a una edad temprana, las niñas están protegidas contra todo daño.

Una mujer trenza el cabello de su hija preparándola para asistir a una boda en Korand.

Foto: Mehri Jamshidi

Aunque es difícil obtener datos precisos, según el organismo de las Naciones Unidas para la infancia, UNICEF, el 17% de las niñas iraníes se casa antes de cumplir los 18 años. Las tradiciones culturales, la falta de oportunidades educativas y la pobreza son los principales factores que impulsan el matrimonio de menores en esta región.

Este artículo ha sido traducido del inglés.