Ojos que no ven, corazón que no siente: los trabajadores invisibles de Turquía

Ojos que no ven, corazón que no siente: los trabajadores invisibles de Turquía

El sombrío panorama mediático de Turquía ya está sobradamente documentado: al menos 148 periodistas están detenidos, según las cifras recientes de la Unión de Periodistas de Turquía (TGS) y más de 150 medios de comunicación han sido cerrados sumariamente.

(AP/Lefteris Pitarakis)

Cada año, cuando se acerca el 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, el Gobierno de Turquía y sus sindicatos inician un tenso ritual. Los trabajadores quieren conmemorarlo en la plaza más emblemática de Estambul, pero el Gobierno insiste en que lo celebren en otro lugar, fuera de la vista. El pulso persiste hasta que lanzan los gases lacrimógenos.

Incluso este único día del año que el mundo dedica a homenajear a los trabajadores, se minimiza su visibilidad.

“Ojos que no ven, corazón que no siente” es la receta que el Gobierno aplica a los trabajadores y la emplea, además de en las calles, en las redacciones de los medios de mayor difusión, donde las noticias laborales brillan por su ausencia, a no ser que sean demasiado impactantes como para ignorarlas—, lo que suele significar que han muerto muchos trabajadores.

Los medios de comunicación son muy eficaces y obtienen resultados", dice el diputado Seyit Torun, vicepresidente del principal partido opositor, el Partido Popular Republicano (CHP).

“Como ahora estamos condenados a unos medios progubernamentales, las reivindicaciones de derechos no llegan a tener éxito, pues no reciben cobertura suficiente debido a la presión del Gobierno ".

Torun y la CHP convocaron en septiembre una marcha en defensa de los productores de avellanas, para protestar contra la política de precios del Gobierno. La marcha "Justicia para las avellanas", que a lo largo de tres días recorrió la distancia que separa las ciudades norteñas de Ordu y Giresun, resultó todo un éxito; atrajo a más de 3.000 participantes y logró que el Estado accediera a las demandas de los productores.

Sin embargo, los medios dominantes apenas se hicieron eco de la historia; tales noticias sólo aparecen en las redes sociales o en los escasos medios críticos que aún quedan en Turquía.

La falta de interés que demuestran los medios de comunicación hacia las noticias laborales es directamente proporcional a la falta de interés del Gobierno por escucharlas. A lo largo de los años, a medida que los medios más críticos fueron intimidados y desplazados por otros progubernamentales —propiedad de empresas aliadas de Ankara—, la cobertura en los medios de mayor difusión acabó siendo indistinguible de los comunicados de prensa oficiales del Gobierno.

Pero el fracasado golpe de Estado de julio de 2016 y la posterior declaración del estado de emergencia dieron al Gobierno la excusa perfecta para controlar la información.

Niveles "abismales" de libertad de prensa

El sombrío panorama mediático de Turquía ya está sobradamente documentado: al menos 148 periodistas están detenidos, según las cifras recientes de la Unión de Periodistas de Turquía (TGS) y más de 150 medios de comunicación han sido cerrados sumariamente. Reporteros sin Fronteras (RSF), situó a Turquía en el puesto 155 de los 180 países que incluye la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2017, y calificó el nivel de libertad de prensa como "abismal".

Torun dice que la situación ha empeorado mucho en los últimos años, un sentimiento del que se hace eco Umar Karatepe, experto en relaciones con los medios de la Confederación de Sindicatos Progresistas (DISK), una de las mayores y más activas confederaciones sindicales de Turquía.

Karatepe dice que el efecto del golpe sobre la visibilidad de los trabajadores en los medios –que, por otra parte, nunca fue muy alta— ha sido demoledor.

“Tomemos, por ejemplo, nuestras conferencias de prensa", comenta. "Antes, cuando celebrábamos una conferencia de prensa, la sala estaba llena de cámaras. Todo cambió con el estado de emergencia".

Refieriéndose al cierre por decreto de emergencia de canales como Hayat TV e IMC, que solían cubrir noticias laborales, agrega: "Perdimos las televisiones. No se trata sólo de que nos están cerrando los canales que nos visibilizaban, estamos ante grave una amenaza para el resto. Por ejemplo, en aquellos días nos solía invitar regularmente CNN Turquía."

El Gobierno justifica su represión afirmando que está luchando contra amenazas verídicas y negando que los detenidos sean periodistas. “La mayoría de ellos son terroristas", dijo el presidente Recep Tayyip Erdogan a Bloomberg en septiembre. "Muchos participaron en atentados bomba o robos."

Pero los críticos afirman que la represión, encaminada al principio a llevar ante la justicia a los vinculados con el golpe de estado, ha virado y hoy apunta a cualquiera que se considere problemático para el partido gobernante. Algunos de esos críticos están ahora en prisión.

La limitación del pluralismo y el acoso en los medios de comunicación

Tanto si las acciones del Gobierno suponen una lucha legítima contra amenazas reales, como si son un intento autoritario de sofocar la disidencia, el resultado final es idéntico: los periodistas limitan voluntaria o involuntariamente la información que publican a una reducida franja de temas y puntos de vista que no les traerán problemas.

Las noticias que el Gobierno no quiere ni oír —por ejemplo, las acusaciones de corrupción o el descontento de unos trabajadores en huelga— quedan al margen, excepto en un puñado de medios más modestos. Como denuncia RSF: "El pluralismo de los medios se ha reducido a un puñado de publicaciones de bajo tiraje".

Todavía podemos encontrar noticias laborales, como la marcha de las avellanas, en ese puñado de periódicos de escasa circulación y en algunos medios digitales. Estos medios son tenaces, pero como son bastante desconocidos y no aparecen en las televisiones, las noticias de carácter laboral quedan muy lejos darse a conocerse y aún más lejos de influir en la opinión pública.

Sin embargo, a pesar de su reducido tamaño y su influencia limitada, los medios críticos no se libran del acoso.

El sitio web de noticias de la oposición, Sendika ("Unión"), es el centro de uno de los casos más absurdos de represión mediática. Es imposible visitar sendika. org; el sitio fue cerrado el 25 de julio de 2015, poco después de unas reñidas elecciones en las que el partido gobernante de Erdogan perdió la mayoría y le llevó a recurrir a tácticas más agresivas.

Pero cada vez que la cierran, Sendika vuelve a aparecer. Le basta con añadir a su URL un número consecutivo: sendika2.org, sendika3.org, etc. En el momento de redactar este artículo, el sitio estaba disponible en sendika62.org.

El editor Ali Ergin Demirhan se toma el asunto con sentido del humor: después de lanzar sendika50.org, en julio de 2017, solicitó al Libro Guinness de los Récords ser reconocido como el "sitio web más censurado y perseverante".

Demirhan señala que la cobertura sobre temas laborales se redujo visiblemente bajo el estado de emergencia y que no se debe a la censura directa —de hecho no ha entrado en vigor ninguna normativa que impida su cobertura—, sino a la autocensura. Los periodistas ya no presentan nuevos contenidos firmados con su nombre y piden que se eliminen sus contribuciones anteriores. Hemos sufrido una pérdida enorme de contenidos", dice. "Este miedo limita los nuevos contenidos y censura el contenido publicado anteriormente."

La criminalización de las noticias

No son sólo los escritores tienen miedo; Demirhan señala que las fuentes en las que solía confiar para confirmar las noticias temen ahora hacer declaraciones que podrían traerles problemas. Peor aún, los trabajadores también temen quejarse a la prensa.

“La criminalización de las noticias consigue que el trabajador, que ahora teme por su empleo, no airee sus quejas", dice.

Yunus Ozturk, fundador del sitio de noticias Sol Defter ("Cuaderno Izquierda"), está observando un fenómeno similar: los trabajadores le solicitan personalmente que les eliminen de las noticias o fotografías archivadas, con las que antes no tenían ningún problema.

“Si observamos los medios de comunicación dominantes, podría pensarse que no existe un movimiento obrero en Turquía", señala Ozturk, que afirma que esta fue la razón que le llevó a establecer Sol Defter en 2010.

“Está claro que hay una regresión desde 2010. Hay regresión en las noticias, en el número de personas que quieren escribir contenidos y firmarlos con su nombre... una desmoralización en todo el movimiento obrero".

A pesar de su ausencia en los medios, el movimiento obrero no ha desaparecido. Ozturk dice que uno puede encontrar noticias laborales si sabe dónde buscarlas.

“Los juzgados de lo laboral y las redes sociales, bullen con noticias laborales y con las reacciones de los trabajadores", dice. "Pero no las encontrarás en los medios de comunicación."

Podría pensarse que la ausencia de los trabajadores de los medios generalistas se debe a la falta de tiempo para informar sobre temas laborales, ya que la mitad de los noticieros parecen dedicarse a cubrir los largos discursos del presidente y, la otra mitad, a analizarlos.

Pero lo cierto es que hay razones políticas para ello.

Tomemos, por ejemplo, la marcha de las avellanas. No hay nada incorrecto en cubrir la marcha, excepto que al hacerlo se cometen dos pecados cardinales: Primero, ofrecer una imagen positiva del partido de la oposición. Las autoridades presionaban ya activamente entre bambalinas para que no publicaran estas noticias, incluso antes de que la represión mediática se volviera tan descarada.

En segundo lugar, más importante aún, cualquier noticia relacionada con el trabajo, por muy benigna que sea, podría desalentar a los inversores: un problema de primer orden para el partido gobernante, agresivamente pro-inversor, que considera la relación entre empleador y empleado como un juego de suma cero.

Nada ilustra mejor la postura a favor de las empresas y en contra de los trabajadores que las garantías que dio en julio el presidente Erdogan a los inversores extranjeros, de que el estado de emergencia podía también utilizarse como herramienta para silenciar a los trabajadores.
“Promulgamos el estado de emergencia para que nuestra comunidad empresarial pueda trabajar cómodamente", afirmó . “Allí donde exista riesgo de huelga, podemos intervenir directamente, gracias al estado de emergencia. Aseguramos que no permitiremos ninguna huelga aquí, porque no está permitido debilitar nuestro sector empresarial. Para eso sirve el estado de emergencia".

"Sin dejar huella económica"

Desde que llegó al poder en 2002, el Gobierno ha impedido activamente en 13 ocasiones huelgas importantes, cinco de ellas, bajo el estado de emergencia. Una de esas grandes huelgas, secundada por 14.000 trabajadores, fue suspendida por "poner en peligro la estabilidad financiera", a partir de entonces, los trabajadores turcos deben encontrar la fórmula de hacer huelga sin dejar huella económica alguna.

De modo que en un país donde el Gobierno quiere que los trabajadores sean invisibles y unos medios de comunicación que cumple esa voluntad, los trabajadores no tienen más remedio que defenderse por sí mismos. Trabajadores como Hakki Demiral, que lleva más de 20 años trabajando en los astilleros de los suburbios de Tuzla, en Estambul.

Demiral y su sindicato están organizando una campaña de firmas a favor de los derechos de los trabajadores de los astilleros. Entre sus reivindicaciones destacan el fin del trabajo sin registro, el salario legítimo que los empleadores les niegan y la reincorporación del trabajo en los astilleros a la lista del Protocolo sobre Ocupaciones Peligrosas, de la que se retiró recientemente.

Ha conseguido recoger más de 1.000 firmas en Tuzla, en apenas dos semanas, montando un estand cada día frente a un astillero diferente —hay unos cincuenta en Tuzla— . Sin embargo, los medios de comunicación turcos no difundirán la difícil situación que se viven en el astillero.

“En un país con la prensa silenciada, comprada y unos medios de comunicación progubernamentales que escriben por orden del presidente ", dice Demiral, "¡Qué otra cosa se puede esperar!".

Los astilleros de Tuzla ilustran bien cómo podrían beneficiarse los derechos de los trabajadores de la visibilidad en los medios de comunicación. En 2008, los trabajadores convocaron dos huelgas importantes, como protesta por varias muertes y para reivindicar los salarios que no habían cobrado . A medida que crecía el apoyo popular, los medios de comunicación se vieron obligados, se ampliaba el apoyo popular, y así sucesivamente.

“Los medios de comunicación no podían ignorar una protesta en la que participaban entre 5.000 y 10.000 trabajadores", explica Demiral, así que la patronal de los astilleros "mejoró un poco". Se llegó a una solución, se lograron mejoras, aunque quizás no suficientes, y el Gobierno empezó a controlar los pagos y la seguridad. Los trabajadores demostraron que, cuando les permiten transmitir su mensaje, tienen poder de verdad.

Las cosas han cambiado mucho desde el 2008, cuando se podía encontrar en el periódico local la noticia sobre un trabajador o unos miles. Hoy se palpa la tensión entre los trabajadores, en los medios, entre los empleadores y se percibe mucha más tensión en el Gobierno.

Pero los trabajadores siguen ahí, recogiendo firmas, boicoteando y reivindicando sus derechos ante los juzgados, aunque pocos puedan verles.

Este artículo ha sido traducido del inglés.

Este artículo fue publicado originalmente por el instituto internacional de prensa, International Press Institute (IPI).