¡E iremos a más!: la lucha mundial por los derechos de las mujeres

¡E iremos a más!: la lucha mundial por los derechos de las mujeres

People shout slogans during a protest against the murder of Brazilian councilwoman Marielle Franco in Rio de Janeiro on 16 March 2018. The world over, feminist activists on the frontline of the fight for women’s rights frequently pay a terrible price.

(AP/Leo Correa)

Si de verdad nos detenemos a pensar en ello, el hecho de que las mujeres de todo el mundo deban seguir luchando por la igualdad de derechos, escapa a toda lógica. La humanidad ha logrado volar, caminar sobre la Luna y crear Internet, pero es incapaz de permitir que las mujeres tomen sus propias decisiones respecto a sus cuerpos, de garantizarles una vida libre de violencia o de acoso, o de pagarles lo mismo que a los hombres por hacer el mismo puñetero trabajo.

Esta década será recordada, en parte, por la lucha por los derechos de la mujer en varios frentes y por la progresiva transversalidad del feminismo –esa revolucionaria idea de que todas las personas son iguales, sea cual sea su género–. El movimiento por la igualdad de género se ha erigido en centro de la atención pública gracias al grito de guerra de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie "Todos deberíamos ser feministas", al éxito galvanizador del movimiento Me Too, al impacto global del feminismo esgrimido por mujeres y niñas valientes, como Berta Cáceres, la defensora hondureña de los derechos de los pueblos indígenas y del medio ambiente; Hande Kader, la líder turca de los derechos LGBTI; Marielle Franco, la concejala brasileña y activista contra la violencia policial y Malala Yousafzai, la activista pakistaní Nobel de la Paz por su defensa de los derechos y la educación de las niñas.

Pero no podemos olvidar que todas estas mujeres y niñas a menudo pagan un precio espantoso: con apenas 15 años, Yousafzai fue baleada y casi asesinada por los talibanes, por atreverse a ir a la escuela y animar a otras niñas a hacer lo mismo; Franco fue ejecutada por pistoleros aún no identificados, cuando regresaba a su casa después de participar en un debate dirigido a empoderar a jóvenes negras; en agosto de 2016, apareció en una carretera de Estambul el cuerpo quemado y mutilado de Kader, que fue violada y torturada antes de su asesinato. En marzo de 2016, Cáceres se unía a los cientos de activistas que luchan por los derechos a la tierra y al medio ambiente, asesinados en los últimos años en América Latina sobre todo, pero también en Asia y África.

Además de la violencia física, tampoco debemos olvidar el rechazo ideológico, a menudo violento, con el que reciben estas reivindicaciones de igualdad y justicia los conservadores políticos y los fundamentalistas religiosos.

En Croacia, los grupos neoconservadores –algunos de ellos con estrechos vínculos con la Iglesia Católica– unieron sus fuerzas en un (infructuoso) intento de bloquear la ratificación de la Convención de Estambul, el primer tratado vinculante del mundo que aborda la violencia contra las mujeres. "No queremos que nuestros hijos aprendan en las escuelas que no son ’ella’, ni ’él’, que son ’eso’", dijo un hombre a la periodista de Equal Times Jelena Prtorić. Aunque se cosechan éxitos como la ratificación de la Convención o la legalización del aborto en Irlanda, fruto de una multitudinaria campaña, las mujeres argentinas acaban de recibir un duro golpe, con el rechazo del Senado a sancionar la despenalización del aborto, emblema de los esfuerzos mundiales de la derecha para hacer retroceder los derechos humanos fundamentales de la mujer, sobre todo en materia de salud sexual y reproductiva.

Pero por cada paso atrás, se han dado pasos adelante, como comprobarán en algunos de los artículos de esta penúltima edición de nuestro especial de verano. El artículo de Nazaret Castro sobre el impacto de la paridad de género en la CUT Brasil, la mayor central sindical de América Latina, subraya la importancia de integrar el feminismo en la política. "La paridad ha conseguido incluir en la agenda sindical demandas como las guarderías, las lavanderías colectivas y la ampliación del permiso de paternidad, y promover el debate sobre la conciliación de la vida laboral y familiar o la reducción de las horas de trabajo", escribe Castro.

El problema de la violencia de género en el mundo del trabajo ha galvanizado a los sindicatos de todo el mundo. La campaña para conseguir un convenio vinculante de la Organización Internacional del Trabajo sobre la violencia y el acoso dio un paso adelante en la Conferencia Internacional del Trabajo del pasado mes de junio. Antes de la reunión, Marie Clarke Walker, secretaria-tesorera del Congreso Laboral Canadiense, habló con Equal Times sobre la importancia de este convenio y de por qué la violencia doméstica es una cuestión sindical.

Otro ámbito clave para los derechos de las mujeres desde una perspectiva laboral es el cuidado de los hijos. Los padres que trabajan en todo el mundo luchan por acceder a unos servicios de guardería infantil asequibles, fiables y de calidad, pero el problema es aún peor entre los trabajadores pobres del Sur Global.

"En 31 países en desarrollo, menos del 1% de las mujeres que viven en la pobreza tienen acceso a servicios de guardería infantil", escriben Laura Alfers y Rachel Moussié, de WIEGO, en un artículo de opinión publicado por Equal Times a principios de año.

No obstante, en Sudáfrica, la inversión de apenas el 3,2% del PIB en servicios de guardería ofrecería cobertura universal a todos los menores de cinco años, permitiría crear 2,3 millones de nuevos puestos de trabajo y aumentaría en un 10% el número de mujeres en la fuerza laboral. Invertir en el cuidado infantil no es sólo una cuestión de ética, también es sensato desde el punto de vista económico.

En última instancia, como nos recuerda Nazaret Castro en su segundo artículo para esta serie (un estudio sobre el impacto del feminismo en la política internacional), "Cuando los movimientos feministas aspiran a un cambio radical en la sociedad, inevitablemente, sus demandas van mucho más lejos de la igualdad de representación, la superación de la brecha de género o la erradicación de la violencia de género". El triunfo del feminismo no sólo significaría igualdad para todos, traería también paz, justicia social, justicia ambiental y medios de vida sostenibles para todos. Puede parecernos demasiado lejos de nuestra realidad, pero es posible y, tal vez para la supervivencia de nuestra especie, imperativo.

Ofensiva contra los derechos de las mujeres en Croacia

por Jelena Prtorić

Some 5000 people rallied in the Croatian capital of Zagreb on 24 March 2018, to protest the ratification of the Istanbul Convention. The banner reads “Stop Istanbul

Photo: Jelena Prtorić

El 24 de marzo de 2018, más de 5.000 personas de toda Croacia se congregaron en la capital, Zagreb, para manifestarse contra la ratificación del Convenio de Estambul por parte de Croacia. Este documento del Consejo de Europa es el primer tratado vinculante del mundo que aborda la violencia contra la mujer. Ha recibido un amplio apoyo internacional, aunque en Croacia se ha encontrado con una oposición feroz, apoyada por medios de comunicación apoyados en grupos (neo)conservadores, algunos de ellos estrechamente ligados a la Iglesia Católica.

"No queremos que nuestros hijos aprendan en la escuela que no son ni ’ella’, ni ’él’, sino ’eso’", afirma Tomislav, un joven manifestante en la veintena. "Nos negamos a que Bruselas nos diga qué hacer aquí [en nuestro país]. No se trata de la protección de las mujeres; se trata de conseguir dinero para las ONG de izquierda", opina Neda, una mujer pequeña y franca, de unos cuarenta años, cuando se le pregunta por qué se manifiesta.

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La Central Única de Trabajadores de Brasil, un sindicato a la vanguardia de la lucha feminista

por Nazaret Castro

Latin America’s largest trade union, CUT-Brazil, has placed gender equality and women’s issues at the centre of its agenda for many years.

Photo: AP/Andre Penner

En 2012, las mujeres sindicalistas conquistaban la paridad en el mayor sindicato de Brasil y de América Latina, la Central Única de Trabajadores (CUT), en un país en el que, por ejemplo, la representación femenina en el Parlamento es de las más bajas del mundo y la menor de Suramérica.

Esa medida, que se implementó en 2015, era “el resultado de un largo proceso de construcción de poder”, como asevera la trabajadora social Didice Godinho Delgado, que fuera la primera coordinadora de la Comisión Nacional de la Mujer Trabajadora (CNMT) de la CUT, en su estudio Construyendo poder sindical con paridad de género: el caso de la CUT de Brasil, realizado para la fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung.

La CUT es la mayor central sindical de América Latina y la quinta en magnitud en el mundo, congregando al 30,4% del total de trabajadores sindicalizados en Brasil, según el estudio de Godinho. Con la paridad de género, se ha convertido en un sindicato de vanguardia dentro del movimiento de mujeres, y en una excepción “no sólo en el sindicalismo brasileño, sino en toda América Latina, y me atrevería a decir que en todo el mundo”, asegura a Equal Times Junéia Martins Batista, que encabeza la Secretaría Nacional de la Mujer Trabajadora (SNMT, antes CNMT) de la CUT.

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Beneficios de los sistemas de cuidado infantil: ayuda a las mujeres trabajadoras pobres y puede estimular la economía

por Laura Alfers and Rachel Moussié

A woman, with her son, pushes a bicycle loaded with sellable waste in Yangon, Myanmar.

Photo: AP/Gemunu Amarasinghe

En la lucha por los derechos de la mujer trabajadora no nos podemos olvidar de las más vulnerables: los millones de trabajadoras en situación de pobreza que viven en ciudades de países en vías de desarrollo y que se ven obligadas a llevarse a sus hijos al trabajo o que no pueden acceder a los empleos mejor remunerados porque están cuidando a niños pequeños.

Algunas mujeres aceptan empleos fuera de casa (desde coser ropa a vender tentempiés en los mercados) para poder cuidar de sus hijos. Puede que sus ingresos sean inferiores a los de un empleo formal, pero no les queda otra opción ya que en las zonas urbanas pobres no abundan ni las oportunidades laborales decentes ni los servicios de cuidado infantil de calidad.

En 31 países en vías de desarrollo, menos del 1% de las mujeres que viven en situación de pobreza tienen acceso a servicios de cuidado infantil, lo cual resulta un dato alarmante un mes después de que el planeta entero haya celebrado el Día Internacional de la Mujer.

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“Nadie considera aceptable la violencia en el trabajo, de ahí la trascendencia de este convenio de la OIT”

por Tamara Gausi

Marie Clarke Walker addresses delegates at the 3rd ITUC Women’s Organising Assembly in San Jose, Costa Rica on 12 October 2017.

Photo: ITUC/Meylin Aguilera

Marie Clarke Walker es secretaria y tesorera del sindicato canadiense Canadian Labour Congress (CLC). En vísperas de la Conferencia Internacional del Trabajo, que a finales de mayo debatirá la adopción de un convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para acabar con la violencia y el acoso en el trabajo, y unas semanas de los 23 Días de Acción de la Confederación Sindical Internacional en apoyo a dicho convenio, Clarke Walker habló con Equal Times sobre las razones por las que la violencia doméstica es un problema laboral y sobre qué están haciendo los sindicatos para ponerle fin.

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Cuando el feminismo marca la agenda política

por Nazaret Castro

On the night of 14 June, thousands of women, trans people and men encircled the area surrounding the Argentine Congress of Deputies. They were wearing the green scarves that have for years been the symbol of one of the feminist movement’s long-standing demands: the legalisation of abortion.

Photo: Sub Cooperativa

El 14 de junio, las argentinas hicieron historia: en una ajustadísima votación (129 votos a favor contra 125) y con un desenlace que mantuvo a la ciudadanía en vilo hasta el final, el Congreso de los Diputados dio media sanción a la ley de despenalización del aborto que, ante la sorpresa de muchos, decidió someter a trámite el presidente liberal-conservador Mauricio Macri. Serán los senadores quienes decidan si se aprueba la ley, pero la sensación en el movimiento de mujeres era de victoria: demostraron que la presión de las calles puede decantar una votación que, durante años, pareció perdida de antemano.

Veintitrés horas ininterrumpidas duró el debate parlamentario, las mismas en las que –con noche de fría vigilia mediante– miles de mujeres, trans y varones se mantuvieron en las proximidades del Congreso, tuitearon a los diputados indecisos y portaron el pañuelo verde que desde hace años se ha convertido en el símbolo de una demanda histórica del movimiento feminista: la legalización del aborto, en un país donde se podrían estar realizando medio millón de abortos clandestinos cada año y donde, según cifras oficiales, murieron 43 mujeres por esa causa en 2015. En América Latina, sólo Cuba y Uruguay permiten a las mujeres acceder a un aborto seguro.

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